La letra Indómita
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Los detectives salvajes

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Autor: Roberto Bolaño.
Editorial: Anagrama.
Páginas: 609.

5/10 - Regular


Crítica de una lectura inconclusa.


Borges, de quien no soy fanático ni mucho menos, solía recomendar a los lectores abandonar aquellos libros cuya lectura no resultara gratificante. Con los años fui comprendiendo lo que quiso decir. Muchas veces nos sentimos obligados a terminar obras clásicas e indiscutidas, o modernas y controversiales, por el mero hecho de satisfacer nuestro ego intelectual. Yo creo que Borges tenía razón. No existen las verdades literarias, como no existen las verdades en general; existen versiones, y conste que tampoco me gusta Nietzsche. No son muchos los libros que no he leído por completo, pero Los detectives salvajes es uno de ellos.

La novela está dividida en 3 partes. La primera sección, que se extiende durante más de 100 páginas, me pareció muy interesante. Roberto Bolaño supo componer una descripción compleja y entretenida del ambiente literario, y más particularmente de los poetas, quizás basándose en experiencias propias. Con sutil ironía, a través de personajes variados en edad, profesión y clase social, el autor ahonda en las excentricidades y el elitismo artístico a los que se ciñen los círculos literarios. Lo hace con una prosa magistral, simple y directa, aunque por momentos visceral y básica al extremo. Las alusiones al sexo se vuelven tan recurrentes y descriptivas, que el relato puede llegar a parecer rayano a la pornografía en ciertos pasajes.

La segunda sección es la que abandoné. El nudo del libro, en forma insospechada, de repente se vuelve una serie de fragmentos inconexos narrados literalmente a través de medio centenar de personajes. Relatos indescifrables, difíciles de relacionar entre sí, que cambian de narrador, geografía y contexto cada dos o tres páginas. Para cuando el lector llega a entender la mecánica que propone el autor, el hilo se ha extraviado en lo más oscuro de la memoria y la frustración es enorme. Es imposible concatenar los relatos de más de una docena de personajes, sobre todo cuando éstos divagan el 80% del tiempo, sin aportar sustancia al argumento. Las reminiscencias a Rayuela de Cortázar, o La casa verde de Vargas Llosa, son inevitables.

La tercera sección retoma exactamente donde termina la primera, regresando al estilo narrativo convencional, en total contraposición con el nudo. La conclusión de la novela es rápida, sin vueltas, y si bien no es tan rica literariamente como lo es la introducción, es entretenida.

Los detectives salvajes es una novela caótica en su desarrollo, que intenta relatar un hecho de forma versátil y original, pero termina agobiando al lector. Un tercio del libro es bueno e incorpora una excelente descripción del mundo literario desde una infinidad de aristas. El resto del libro, sin embargo, es confuso y extremadamente difícil de seguir, porque hallar la trama escondida en 55 relatos distintos durante 400 páginas se vuelve casi tan complicado como encontrar una aguja en un pajar. Esta obra tan renombrada de Roberto Bolaño aterriza sin escalas en mi biblioteca mitológica de lecturas inconclusas, junto a las mencionadas
La casa verde, Rayuela y El ruido y la furia, de Faulkner. Definitivamente no es para mí.


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