Ideas de una mente indómita...

Acuerdo con Irán

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La ley de relatividad aplicada a los derechos humanos.


Resulta increíble que un gobierno que se autoproclama defensor de los derechos humanos y la igualdad de género concilie intereses con un país que no respeta ninguno de los dos. Causa vergüenza e indignación que el país del que uno es oriundo llegue a un acuerdo –con meros fines económicos– mediante el cual prácticamente se descarta la existencia de justicia para con el hecho terrorista más horroroso de su historia.

La connivencia entre quienes decidieron apoyar esta ley deja en manifiesto la decadencia ética y moral por la que hoy en día atraviesa Argentina, no sólo en el ámbito diplomático y político, sino también en el plano social. Lo que está sucediendo es literalmente una injusticia cuya víctima, quizás por escasa representatividad, debe resignarse a aceptar en estado absoluto de desconsuelo mientras desde lo más alto del poder ejecutivo se jactan de promover la férrea defensa de los derechos básicos de la humanidad.

Decir que está mal pactar con un país que niega el holocausto ahora resulta que es una afirmación tendenciosa. El canciller denuncia “chicanas” cuando le preguntan por qué el acuerdo se firmó el día en que se rememora una de las épocas más oscuras de la historia moderna, como si ello no pareciera en absoluto una provocación hacia la comunidad judía argentina; como si justamente, un estado obsesionado con denostar el judaísmo, no se percatara de la fecha.

La coherencia se diluye en un crisol de ignorancia y resentimiento. Los derechos humanos en Argentina son potestad exclusiva de quienes suscriben al modelo y nada más, muchos de ellos pertenecientes a la eterna lacra oportunista argentina. Poco hay de genuino en una política sospechada de progresista pero exclusivamente proselitista. ¿Quién da la cara por las víctimas del atentado a la AMIA? Nadie, a quién le importa, después de todo, si los judíos no forman parte del electorado oficialista… Derechos humanos tergiversados, ambiguos y asquerosamente manoseados: crónica de una nefata estrategia populista.

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