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El confuso mensaje de la Reserva Federal a los mercados

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Expectativas asimétricas.


La Reserva Federal de los EEUU tiene una demostrada trayectoria en confundir a los mercados. Por otro lado los mercados, hay que decirlo, se dejan confundir. El optimismo es una fuerza inercial apabullante –y conveniente– en Wall Street. El pesimismo es un tsunami repentino, un accidente propio de las estructuras desbalanceadas de precios relativos, de vez en cuando sacude las costas de los inversores. La Fed controla la marea.

Es difícil entender el motivo por el cual los hacedores de política monetaria soslayan la atención de lo importante, pero a veces pareciera ser una acción deliberada e intencional. Yellen, la hechicera de turno, comanda un pequeño ejército de brujos que encantan con la palabra más allá de la realidad. Los objetivos concretos han perdido significado. La inflación hace mucho tiempo que no es un problema y las metas de desempleo se han tergiversado. Ya no quedan parámetros certeros bajo los cuales los inversores puedan descontar los precios futuros. Sólo existe el lenguaje. Hablando la gente se entiende, y también se confunde.

Yellen desestima la inflación subyacente y sugiere moderación. Los mercados festejan. Marzo marcó subas entre el 5% y el 6% en los índices bursátiles. Es verdad que los precios no suben mucho, pero también es verdad que la tasa de interés es inexistente. Los leones hambrientos en la selva del dinero sueñan con que el recurso prima continuará siendo casi gratuito por tiempo indefinido, pero la realidad es que no depende de la Reserva Federal. El discurso de la Chairwoman tiene un límite cierto: la inflación, y no es un límite holgado. Cuando las tasas de interés reales son negativas, no existen los límites holgados. Los salarios en EEUU suben 2.3% de un año al otro y la canasta básica, sin contar el petróleo y otros commodities, ya está por encima del 2%. ¿Qué va a suceder cuando el petróleo se estabilice y ya no pondere negativamente en el índice? ¿Hasta qué nivel el Banco Central Americano estará dispuesto a bajar las tasas reales para satisfacer el apetito por riesgo de un sector de la banca financiera?

La política no tiene límites, incluso en entes autárquicos. La Fed no es una excepción. Si un simple y humilde pensador puede escribir estas líneas, ¿qué queda del comité más preparado del mundo en política monetaria? Conocen los riesgos, pero prefieren el shock. La Fed, así prometa lo contrario, tiene las manos atadas y la deberá subir las tasas pronto, antes de que la inflación se convierta en un problema popular. Una parte del mercado prefiere no verlo. Los brokers y los asesores financieros también prefieren el shock. Es difícil navegar tranquilo si todo el tiempo se le teme a un tsunami.




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