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La caída de reservas del BCRA

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¿Por qué caen las reservas del Banco Central?


La respuesta más inmediata es simple: por escasa idoneidad en la conducción económica.

Por increíble que parezca, esa es la triste realidad. Hace ya años que la política económica en Argentina está administrada por Ateles hybridus en posesión de instrumentos cortantes, o lo que es lo mismo –si dejamos de lado el lenguaje coloquial científico–: monos con navaja. Bravucones de conventillo, neo-idealistas inexpertos y figuras meramente decorativas son las personalidades predominantes de un gabinete de utilería que siempre es disfuncional y, en ocasiones, surrealista.

La respuesta menos inmediata no deja de ser simple, a pesar de lo extensa. La acumulación de reservas no esconde complejidad matemática en absoluto: es el resultado neto de la compra y venta agregada de moneda extranjera, apenas un balance financiero derivado de la actividad comercial y el pago de obligaciones frente a terceros. Cuando agentes nacionales venden bienes y servicios a residentes extranjeros (ya sean turistas in situ o consumidores en el exterior), ingresan divisas en el sistema financiero local. Por otro lado, cuando agentes in situ o turistas argentinos adquieren bienes y servicios en el exterior, o cuando se pagan intereses y/o capital de deuda nominada en moneda extranjera, egresan divisas. Por lo tanto, una caída sostenida de las reservas de moneda extranjera se debe a un desequilibrio entre el ingreso y el egreso de divisas, que bien podría ocurrir por un exceso de demanda o por una escasez de oferta. En Argentina, país sintomatológicamente generoso, ocurren los dos…

¿Por qué hay exceso de demanda de dólares?



· Desconfianza estructural.


Ni siquiera los patriotas más fervorosos desconocen el pasado argentino. No se trata, precisamente, de un país ordenado en lo que se refiere a lo institucional. Se trata más bien de un país con apenas tres décadas de democracia en continuado, que ha atravesado crisis económicas y sociales sin precedentes, y en el que se han violado todos los derechos constitucionales habidos y por haber. Dejando de lado los múltiples golpes de estado anteriores a los 80´, en los últimos 30 años hubo: hiperinflación, dolarización, privatización, corralito, mega default (interno y externo), pesificación, recesión extrema, deflación, crecimiento, estatización e inflación… En los libros de economía suele afirmarse que demora aproximadamente una generación –entre 30 y 40 años– restaurar la confianza de los agentes económicos luego de una crisis altamente disruptiva… Argentina colecciona crisis. O sea que, en el mejor de los casos, si dios descendiera del cielo y decidiera presidir Argentina durante los próximos 30 años, yo, a mi edad de retiro, podría comenzar a pensar en ahorrar en moneda nacional… De cualquier otro modo, con mis ahorros compraré dólares –si puedo–, y como yo, otros tantos.

· Desconfianza presente.


A diferencia de lo mencionado en el punto anterior, los patriotas más fervorosos y sesgados políticamente quizás sí desconozcan el presente argentino, pero las versiones de la realidad en la era de la información son cada vez más efímeras. La realidad siempre supera a la ficción, cada vez más rápido. Muy a pesar de los políticos románticos y sus seguidores incondicionales, Argentina es un país con un altísimo porcentaje de pobres e indigentes, donde la marginalidad se acentúa día a día. Hay graves problemas sanitarios, de educación, de narcotráfico y de seguridad. Sí, los artistas en general están contentos con la enorme promoción y difusión que han tenido los contenidos en el cine, la TV y la música, pero Argentina, a los ojos de los ciudadanos promedio, sigue siendo un país en emergencia, con urgencias que exceden a la cultura.

Tampoco contribuye a la confianza un estilo conductivo embaucador y prepotente. Entre todas las mentiras del gobierno, desmentir la inflación es quizás la maniobra política más autodestructiva que pueda existir en un país donde casi el 50% de la población no tiene otro patrimonio que el consumo periódico. Mentirle a los que más tienen también está mal, pero goza de mayor vida útil. El que poco tiene, en cambio, mucho gasta en términos relativos, y su percepción del alza de los precios es inmediata. En su intrincada y maquiavélica lectura de la realidad social, quizás los artífices de las maniobras políticas crean que este segmento no puede influir en la compra de dólares a nivel agregado, pero se equivocan, porque la masividad de su disgusto pone el tema sobre el tapete, alentando la desconfianza de aquellos que sí llegan a fin de mes con saldos positivos.

Ya son tres párrafos dedicados a la desconfianza presente, y es que, si no fuera un tema central, no se habrían perdido el 30% de las reservas en sólo un año. Completan la desconfianza de los ciudadanos factores como la corrupción, la falta de diálogo, la desaceleración del crecimiento y la polarización social, cada vez más radical y más violenta.

En definitiva, ¿quién en su sano juicio puede preferir ahorrar en pesos? Preferir, nadie, pero a algunos no les queda otra, porque si algo faltaba para definitivamente exacerbar la suspicacia, era restringir en exceso la compra de dólares a niveles prácticamente prohibitivos. Surge entonces el dólar paralelo, como una lección de mercado inapelable: las emociones son irreprimibles.

· Crecimiento basado en el consumo.


El gobierno actual se jacta de tener un modelo basado en el consumo, como si eso fuera lo mejor que puede suceder. En un modelo basado en el ahorro y la inversión, no nos tendríamos que preocupar ni por la inflación ni por la pérdida de reservas. En 2013, salvo que se viva en Cuba o Korea del Norte, no existe el modelo de consumo exclusivamente interno. Estimular el consumo en un mundo globalizado implica ampliar el gasto tanto en moneda nacional como internacional, porque el turismo es un servicio que también presenta planes de pago e internet es un inmenso shopping digital abierto las 24 horas y al alcance de un click. Imprimir moneda en exceso e inyectarla en el sistema financiero supone siempre una fuga de capitales al exterior.

¿Por qué hay escasez de oferta de dólares?



· Desconfianza estructural y presente.


Si la desconfianza incomoda a los ciudadanos del país, ¿qué les queda a los extranjeros? Los mismos factores que hacen que los argentinos prefieran ahorrar en dólares, evitan que los extranjeros ingresen capitales en la economía doméstica. Argentina tiene un inmenso déficit de inversión que no sólo conspira a favor de la ineficiencia productiva y la inflación, sino que también evita que ingrese un caudal de divisas que equilibre las cuentas financieras.

· Economía cerrada.


Alguien tuvo la brillante idea de apagar el incendio con nafta. Ante la pérdida de reservas, se decidió restringir la importación de bienes… Fantástica solución. Argentina, un país poco industrializado, que no produce tecnología ni bienes de capital, no puede importar recursos. Si la inversión ya era baja, es de imaginar lo que sucedió luego de tan peculiar medida.

Yo siempre utilizo el mismo ejemplo para explicar por qué una economía cerrada juega en desmedro de las reservas: un diseñador web argentino, si consigue la computadora que necesita, la tiene que pagar el doble que un competidor brasilero. Eso significa que, a igualdad de servicio, el diseñador brasilero parte con una clara ventaja productiva que le incrementa el valor agregado, o en su defecto, le permite disminuir el precio para anular a su par argentino. Tome el ejemplo, copie y pegue, luego extrapole a: la industria automotriz, la farmacéutica, la alimenticia, la energética, etc, etc, y deténgase cuando llegue al campo, que es prácticamente el único rubro que a pesar de las envestidas sigue siendo eficiente, a menos que hablemos de la ganadería, donde la producción ha sido diezmada a niveles irrisorios gracias a una política verdaderamente progresista: restringir la exportación de carne a valores muchas veces superiores a los obtenidos en el mercado interno, con el fin de asegurar que todos los argentinos mantengan una dieta exagerada en grasas vacunas. Una obra maestra de la política económica que a lo largo de los años ha garantizado varias cosas, como ser la caída de la producción de carne y su consiguiente mayor escasez doméstica, así como la pérdida de ingreso de divisas por abandonar cuotas de exportación y resignar mercados externos altamente rentables.

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La reservas del Banco Central llegaron a fin de octubre a rozar los 33,000 millones de dólares y su tendencia es notablemente negativa. Al ritmo actual, el gobierno de turno podría llegar al fin de su mandato dejando un saldo apenas despreciable, sino nulo. La década estará ganada, pero quizás no deje saldo acreedor.




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