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¿El fin de QE?

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El diablo en los detalles...



Las buenas noticias comienzan a ser un dolor de cabeza. Las sospechas de que la Reserva Federal americana reducirá el ritmo de compra de bonos soberanos tuvieron esta semana un fuerte indicio de verosimilitud. El mensaje de Ben Bernanke, titular del banco central estadounidense, no tuvo variaciones radicales, pero en este mercado apenas unas pocas palabras o un cambio en el tono pueden generar caos. El diablo está en los detalles, y los agentes económicos, también.

Desde principios de mayo, los rumores de una fecha cúlmine para la flexibilización cuantitativa (QE) comenzaron a golpear los mercados. La consolidación de ciertos parámetros e indicadores económicos en EEUU amenazó entonces con convertirse en una tendencia mortal para todos aquellos que hace años apuestan por la liquidez. Los bonos del tesoro norteamericano, como no podía ser de otra manera, han sido los exponentes principales de una especulación que desangra ganancias. Y es que ante la preocupación de que del que el máximo comprador se retire del mercado tarde o temprano, hace ya dos meses que el precio de los bonos no para de derrumbarse, lo que ha prácticamente duplicado la tasa de interés de instrumentos de deuda de largo plazo. Semejante alza en los tipos de interés, por otro lado, comienzan a encarecer las deudas en dólares, en su momento adquiridas en forma oportuna para invertir en economías emergentes. Un caso emblemático es Brasil, que ha recibido un flujo de capitales inmenso en los últimos años, como consecuencia de su robustez, pero también gracias a un arbitraje financiero que en media década no ha resistido análisis: endeudarse al 1% en dólares, comprar reales, y poner el dinero a rendir entre el 10 y el 15% anual, a un riesgo moderado.

Tasa de interés implícita en T-Notes a 10 años
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Otro síntoma de precaución logró verse también en mayo en los mercados de acciones, que tras lograr nuevos valores récord en ese mismo mes, finalmente encontraron resistencia y comenzaron a descender, devolviendo más de un 5% de las ganancias obtenidas en su pico máximo.

Índice S&P
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No importa el activo del que se trate, si es de renta fija o variable, el inversor comienza a incomodarse. Quienes tienen bonos ya no los quieren. Sin el sustento líquido de un comprador titánico, nadie se arriesga a acotar sus ganancias de largo plazo a un más que reducido rendimiento. Por lo tanto, las tasas de interés tienen mucho para subir todavía, y esto juega en detrimento de quienes tienen deudas en dólares. La devaluación maratónica del real en un 12% en sólo 2 meses no es casualidad, es simplemente otro caso testigo de que los capitales internacionales quieren recomprar su deuda en dólares antes de que los costos atropellen la excelente rentabilidad que han tenido en los últimos tiempos.

Tipo de cambio Real/USD
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¿Qué cambió entonces Bernanke en su mensaje? A nivel taxativo, muy poco, aunque suficiente para aquellos que juegan a hacer futurología con el lenguaje. El mensaje hasta ahora había sido: “la economía avanza, pero no lo suficiente”, lo que ha cambiando en junio para ser: “la economía avanza” y punto. Luego la paranoia, la especulación y el miedo de los que saben que los precios de los activos han estado sobrevaluados todo este tiempo, gracias a un artilugio nominal: el exceso desmesurado de dinero. Nadie sabe con exactitud cuándo terminará QE, aunque Bernanke deslice que quizás a fines de año. Para el caso, quienes creían que sería a principios de 2014 (muchos bancos de inversión importantes) ahora huyen despavoridos.

Lo que sospechábamos que iba suceder, finalmente ha comenzado. Al tiempo que la economía norteamericana evoluciona favorablemente, los mercados corrigen su tendencia alcista. Surreal pero cierto: las buenas noticias son malas y viceversa; una aberración propia de una política monetaria desatinada e irresponsable. No sabemos cuándo volveremos al plano real, ni cuán dolorosa será la corrección. Ya no miramos tasas de crecimiento, ni tendencias de empleo, ni nada que tenga que ver con los fundamentos verdaderos de la economía. Ahora sólo nos interesa si Ben agrega o quita palabras a sus frases de un mes para el otro, para intentar un presagio, una adivinación: ¿se acaban o no los papelitos verdes?





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