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QE versión europea.

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Más leña al fuego.


Los mercados están de fiesta y también sorprendidos. Luego de años enteros de promesas, la retórica monetaria europea finalmente derivó en acción y el BCE puso a calentar la maquinita de imprimir euros. En algún lado leí que Europa no hacía una declaración sustanciosa desde que Alemania invadió Polonia en 1939… La semana pasada, sin embargo, el mensaje fue claro y contundente: “quiera o no la economía los billetes, se los vamos a dar”.

60 mil millones de euros por mes para comprar bonos europeos, totalizando un plan inicial de 1 trillón de euros de expansión monetaria. Un plan sin precedentes en la economía europea, y también sin garantías de éxito. EEUU debería servir de ejemplo de fracaso, luego de que tras más de cinco años de aplicar la misma receta, apenas logró inflar el precio de los bonos, las acciones y también el petróleo, el cual finalmente terminó desplomándose cuando mermó la volatilidad. No hay pruebas de que la expansión monetaria haya contribuido a la suba del empleo, porque no hay inflación observable (ni en bienes ni en salarios) y el consumo ha subido en forma lenta y gradual, lo que demuestra que el dinero no ha llegado a todos los canales transaccionales como fuera inicialmente pretendido. Sí hay, sin embargo, una mayor desigualdad en la que los ricos se han hecho mucho más ricos y los pobres al menos ahora consiguen trabajo.

El caso del precio del crudo es un ejemplo paradigmático, porque se trata de una materia prima que hace ya más de 5 años se sabía se convertiría en un bien menos escaso, dada la enorme escalada productiva que ha tenido y continúa teniendo el principal consumidor de energía del mundo: Estados Unidos. El precio del petróleo, en términos fundamentales de mercado, no tenía otro destino que no fuera el bajista, y aun así supo conservar valores altísimos sin otra explicación que no fuera la compra especulativa derivada de una liquidez jamás antes observada. Luego sucedió lo inevitable: anunciado el fin de QE, el mercado se cayó un 50% en 3 meses. Los precios de artificio ajustan en forma violenta.

El desbarajuste de los precios relativos ha tenido un alcance mucho más amplio en el espectro del mercado, más allá del precio de la energía. Las acciones, la monedas de mercados emergentes y los bonos también han sufrido alzas irracionales. Sin ir más lejos, las tasas de la deuda soberana de países con serios riesgo de default han alcanzado mínimos históricos en 2014, evidenciando la voracidad compradora de un mercado de divisas inundado de dólares. En definitiva, podríamos decir que todos los activos de riesgo se han sobrevaluado en un escenario en el que la gran mayoría de los consumidores continúan barajando los mismos saldos de dinero. Este es un fenómeno probatorio de que el exceso monetario se ha quedado en la cúspide de la pirámide, beneficiando exclusivamente a los especuladores financieros.

El dinero es apenas un instrumento. Los problemas reales económicos se resuelven con políticas económicas concisas y no imprimiendo billetes. La mera expansión monetaria sin el soporte real una política activa no genera confianza en los agentes ni motoriza la demanda agregada; sólo genera desequilibrios cuyas consecuencias futuras aún siquiera podemos definir en dimensión, aunque el precio del petróleo sirva de caso testigo con ciertos rasgos premonitorios.

El Banco Central Europeo ha cedido a las presiones y ha entrado en un juego del que salir será difícil. Más de un siglo de estudio del dinero ha enseñado que inventar y repartir moneda sólo genera desequilibrios serios de largo plazo. La miopía y la irresponsabilidad de los máximos actores de la política monetaria mundial sigue contribuyendo a un escenario futuro incierto y peligroso, en el que los ajustes pueden ser violentos. El precio del crudo quizás sea apenas el prólogo de otra lección de mercado. Está por verse.





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