Críticas de lo poco leído...

CRÍTICA | LITERATURA | Los pilares de la tierra

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Autor: Ken Follett
Editorial: Plaza y Janes
Género: Novela medieval / Ficción
Páginas: 1040

5

Culebrón medieval interminable.


Los pilares de la tierra es una novela enorme en dimensión, con aspiraciones literarias épicas. Ken Follett, con buena prosa, pero sin reparar en longitud, se extiende durante más de 1000 páginas para describir con lujo de detalle los conflictos reinantes de la Europa medieval, usando a Inglaterra como epicentro del relato. La puesta en escena sirve de contexto de múltiples sub-tramas que con el pasar de las páginas se tornan repetitivas y tediosas al límite del hartazgo. La historia y los personajes protagónicos se reciclan dentro de una trampa narrativa que gira en falso alrededor del mismo eje: desengaños, traiciones y venganzas que se heredan de generación en generación.

Los pilares de la tierra quizás seduzca a los lectores que disfrutan de la ficción medieval descriptiva, pero lejos está de ser un libro que se destaque en algún aspecto en particular. Es largo, repetitivo y narra una historia ordinaria.





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CRÍTICA | LITERATURA | Tiempo para crear, tiempo para matar.

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Autor: Lawrence Block.
Editorial: RBA.
Género: Novela Negra/ Policial.
Páginas: 192.

5

Una obligada y mediocre transición.


Matt Scudder es un detective atormentado por un pasado cercano, que transita la vida con ánimo de purga. No es cualquier protagonista, sino uno de una complejidad genuina y verosímil; un anti héroe urbano que a pesar de ser virtuoso en su oficio, en la vida hace lo que puede. "Tiempo para crear, tiempo para matar" poco tiene que ver con "Los pecados de nuestros padres" en cuanto al desarrollo de la historia, y quizás deba ser entendida como una continuación meramente incidental en lo argumental, pero sustancial en cuanto a la construcción de su protagonista.

Lawrence Block seguramente haya concebido la obra en su totalidad y no en partes. Tal vez no tenga sentido ni rédito literario aislar esta novela del resto de la saga, pero quienes pretendan leer "Tiempo para crear, tiempo para matar" sin intenciones de proceder inmediatamente con su continuación en la serie quedarán defraudados, porque su trama es inocua y carece de los elementos básicos que caracterizan a un buen policial. Sin embargo, sí es una pieza que elabora sobre lo ya presentado acerca de Matthew Scudder, aportándole más magnetismo al personaje. Esto último es, de alguna manera, lo que logra contener las expectativas futuras del lector.

La segunda entrega de la saga de Matt Scudder no se destaca ni en la historia que propone ni en la investigación de los hechos, pero profundiza el desarrollo de su personaje, hurgando en su pasado y en su personalidad con buena narrativa. Está, a nivel cualitativo, claramente por debajo de la novela presentadora, pero incluso así es lo suficientemente entretenida para que el lector arribe al final. Es un policial mediocre que aporta una mirada introspectiva de su protagonista, y probablemente, una transición obligada hacia el resto de la obra. Deja sabor a poco, pero contribuye a construir una base literaria para que su complejo protagonista continúe cautivando al lector.







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CRÍTICA | LITERATURA | Siempre hemos vivido en el castillo

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Autor: Shirley Jackson.
Editorial: Minúscula.
Páginas: 224.

5/10 - Regular

Novela envenenada con gusto a poco


Siempre hemos vivido en el castillo es una novela gótica norteamericana que relata la supervivencia social de dos hermanas con un pasado tétrico. Confinadas en un territorio cada vez más reducido, las excéntricas Blackwood se ocultan, junto a un maltrecho tío, de una sociedad que las juzga por la muerte de toda su familia en más que dudosas circunstancias.

Con una premisa más que interesante y una prosa dinámica y entretenida, Shirley Jackson saca a la superficie eficazmente los hechos que sostienen una historia tenebrosa, manteniendo en vilo al lector durante 200 páginas. Sin embargo, es inevitable sentirse desilusionado por un final repentino y falto de todo contenido, que simplemente deja la trama inconclusa. La escritora se despacha con un soberbio desarrollo, generando un clima lúgubre y tenso que lamentablemente no encuentra cauce en su capítulo final. Arribando a la conclusión, todas las expectativas del lector se desploman como una cascada.

Siempre hemos vivido en el castillo entretiene, pero también defrauda. Estará en cada lector saber conformarse con el resultado final. En el género terror, algunos simplemente adoran el trámite y obvian las conclusiones. Esta novela, sin lugar a dudas envenena, pero no mata.





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CRÍTICA - LITERATURA - Los detectives salvajes

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Autor: Roberto Bolaño.
Editorial: Anagrama.
Páginas: 609.

5/10 - Regular


Crítica de una lectura inconclusa.


Borges, de quien no soy fanático ni mucho menos, solía recomendar a los lectores abandonar aquellos libros cuya lectura no resultara gratificante. Con los años fui comprendiendo lo que quiso decir. Muchas veces nos sentimos obligados a terminar obras clásicas e indiscutidas, o modernas y controversiales, por el mero hecho de satisfacer nuestro ego intelectual. Yo creo que Borges tenía razón. No existen las verdades literarias, como no existen las verdades en general; existen versiones, y conste que tampoco me gusta Nietzsche. No son muchos los libros que no he leído por completo, pero Los detectives salvajes es uno de ellos.

La novela está dividida en 3 partes. La primera sección, que se extiende durante más de 100 páginas, me pareció muy interesante. Roberto Bolaño supo componer una descripción compleja y entretenida del ambiente literario, y más particularmente de los poetas, quizás basándose en experiencias propias. Con sutil ironía, a través de personajes variados en edad, profesión y clase social, el autor ahonda en las excentricidades y el elitismo artístico a los que se ciñen los círculos literarios. Lo hace con una prosa magistral, simple y directa, aunque por momentos visceral y básica al extremo. Las alusiones al sexo se vuelven tan recurrentes y descriptivas, que el relato puede llegar a parecer rayano a la pornografía en ciertos pasajes.

La segunda sección es la que abandoné. El nudo del libro, en forma insospechada, de repente se vuelve una serie de fragmentos inconexos narrados literalmente a través de medio centenar de personajes. Relatos indescifrables, difíciles de relacionar entre sí, que cambian de narrador, geografía y contexto cada dos o tres páginas. Para cuando el lector llega a entender la mecánica que propone el autor, el hilo se ha extraviado en lo más oscuro de la memoria y la frustración es enorme. Es imposible concatenar los relatos de más de una docena de personajes, sobre todo cuando éstos divagan el 80% del tiempo, sin aportar sustancia al argumento. Las reminiscencias a Rayuela de Cortázar, o La casa verde de Vargas Llosa, son inevitables.

La tercera sección retoma exactamente donde termina la primera, regresando al estilo narrativo convencional, en total contraposición con el nudo. La conclusión de la novela es rápida, sin vueltas, y si bien no es tan rica literariamente como lo es la introducción, es entretenida.

Los detectives salvajes es una novela caótica en su desarrollo, que intenta relatar un hecho de forma versátil y original, pero termina agobiando al lector. Un tercio del libro es bueno e incorpora una excelente descripción del mundo literario desde una infinidad de aristas. El resto del libro, sin embargo, es confuso y extremadamente difícil de seguir, porque hallar la trama escondida en 55 relatos distintos durante 400 páginas se vuelve casi tan complicado como encontrar una aguja en un pajar. Esta obra tan renombrada de Roberto Bolaño aterriza sin escalas en mi biblioteca mitológica de lecturas inconclusas, junto a las mencionadas
La casa verde, Rayuela y El ruido y la furia, de Faulkner. Definitivamente no es para mí.


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CRÍTICA - LITERATURA - Ciudad santa

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Autor: Guillermo Orsi.
Editorial: Almuzara.
Páginas: 320.

5/10 - Regular

Policial argentino en castellano neutro.


Ciudad Santa es una novela con un error imperdonable: la adaptación del lunfardo. En una historia que sucede en Buenos Aires, donde los personajes protagónicos se enmarcan dentro de los estereotipos porteños, no pueden hablarse de tú. No conozco ciudadano rioplatense que hable como un centroamericano o sudamericano del norte, y desde el vamos, este detalle le quita mucho encanto al libro, porque disminuye radicalmente la credibilidad de la historia.

Así arrancamos. Policías que piensan como argentinos pero al leerlos suenan peruanos, colombianos o venezolanos. No creo que Guillermo Orsi haya escrito la novela así, sino que seguramente la editorial ha adaptado el lenguaje para el público español, lo que sinceramente termina siendo no sólo una lástima, sino también la ruina de una obra que podría haber dado para más.

Por lo demás, Ciudad Santa cumple pero nunca deslumbra. Si el lector finalmente acepta el hecho de que está leyendo la versión castellanizada neutra de un policial argentino, la trama que plantea la novela es entretenida y de rápida lectura, aunque no excepcional. Está plagada de personajes siniestros y confusos. Buenos que parecen malos, malos que parecen más malos de lo que son, y malísimos que no se ven venir. Hay acción, hay misterio y hay un argumento bien construido, aunque quizás apenas más pretencioso de lo que debiera ser.

Ciudad Santa es un policial argentino que pierde su verdadera identidad en el intento comercial de adaptarlo para un público más amplio. Los que saben vender libros, a veces no saben nada de qué se siente al leerlos. Ningún lector que compre un libro con expectativas de leer una novela negra que transcurre en las calles de Buenos Aires va estar contento con el resultado. Yo soy uno de ellos.


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CRÍTICA - LITERATURA - El sueño eterno

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Autor: Raymond Chandler.
Editorial: Emecé.
Páginas: 264.

5/10 - Regular

El abuelo de la novela negra.


Como también sucede en el cine con las películas, en la literatura son pocos los libros que logran atravesar el umbral del tiempo y conservar el encanto que los supo hacer famosos. El arte evoluciona y la modernidad es un verdugo implacable para la mayoría de las piezas clásicas. El sueño eterno, lamentablemente, no es una excepción.

Raymond Chandler es considerado por muchos el padre de la novela policial, y no es para menos. En la década del 40’, cuando sus libros salieron a la luz, la sociedad vivía enfrascada en una irrealidad de tabúes y censuras que acotaba la visión del mundo. Este autor colaboró a romper el frasco, contando historias de crímenes que hasta entonces eran insospechados. Asesinos sanguinarios, detectives atrevidos, mujeres con intenciones tenebrosas y algún que otro escándalo sexual fue más que suficiente para llamar la atención de los lectores, que casi a mediados del siglo pasado comenzaban a despertar del sueño ultra-conservador americano.

Entrado el siglo XXI, Chandler pasó a ser más bien el abuelo de la novela negra, y como todo abuelo, sus historias sufren el destiñe de los años. El sueño eterno ya no sorprende, y si bien entretiene, en la literatura contemporánea pasa desapercibida entre miles de propuestas similares. Los personajes suenan acartonados, sus motivos vagos, y el héroe del relato es una figurita repetida. Claro, en su momento fue el primero, el modelo a seguir en la novela policial, pero hoy no llama la atención, simplemente porque lo han superado personalidades de la ficción extremadamente más complejas.

El sueño eterno es una novela de culto idolatrada por los nostálgicos. Quizás en el protocolo del buen lector sea una pieza obligatoria, sobre todo para los amantes de la novela policial. Yo no soy nostálgico, y si bien me encanta la novela policial, disto de ser un buen lector. He leído cosas mucho mejores. Seguramente todo empezó con Chandler, pero la evolución del género se ha devorado a quién lo inventó.

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CRÍTICA - LITERATURA - Los living

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Autor: Martín Caparrós.
Editorial: Anagrama.
Páginas: 432.

5/10 - Regular


Tarda en llegar y al final no hay recompensa...

Cuando me enteré de que Martín Caparrós había ganado el premio Herralde de Novela me entusiasmé, porque se trata de un compatriota y porque el último galardón del evento en cuestión traía un antecedente intachable: la excelente novela de Antonio Ungar, “Tres ataúdes blancos”, una de las mejores que he leído en los últimos años. El entusiasmo duró aproximadamente 100 páginas, momento en que empecé a preocuparme porque luego de haber leído casi un cuarto de la obra, la historia no despegaba. Leí otras 100 y nada. Con tres cuartos de la novela ya a la izquierda del señalador perdí las esperanzas, hecho que no estuvo ni cercano a revertirse al alcanzar el final del libro.

En “Los living”, la introducción se estira hacia límites insospechados, donde el protagonista de la novela se despacha con la historia de su vida, narrando momentos aleatorios y aislados que no llegan a despertar del todo el interés del lector. En forma intercalada, el autor va mixturando los capítulos con conversaciones de otro tiempo, donde intervienen personajes en principio confusos y luego simplemente intrascendentes. Mientras mayormente divaga en un relato sospechado de inconducente, Caparrós va dosificando la otra información, la que el lector cree que llevará a una revelación gratificante, y que en realidad termina siendo tan sólo un tema de escaso y vago desarrollo. Ni siquiera en el epílogo, donde se describen a las apuradas algunos de los hechos en los que yo creí que esta novela iba ahondar, el argumento cobra contundencia.

“Los living” carece de sustancia, y a medida que avanzan las páginas, las esperanzas de que por fin comience a tejerse el hilo argumental van cediendo a una lenta e irreversible decepción. Al concluir, uno se pregunta, después de más de 400 páginas, por qué los personajes resultan superficiales, incluido el protagonista, cuando la novela mayormente se enfocó en ellos. La respuesta es fácil: muchas palabras, poco contenido. Me da la impresión de que Caparrós partió de una idea, una premisa muy interesante, pero no supo construir una historia a partir de la misma. Afortunadamente, el escritor está dotado de una prosa ágil –que a veces recuerda a Saramago, por su constante irreverencia a las convenciones propias de la literatura novelesca–, lo que permite que la obra sea leída con fluidez. Esto último no salva a “Los living”, pero por lo menos atenúa la frustración.



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CRÍTICA - LITERATURA - El retrato de Dorian Gray

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Autor: Oscar Wilde.
Editorial: Edimat.
Páginas: 312.

5/10 - Regular

Un clásico inmortal, aunque envejecido.

Dorian Gray es un personaje fascinante que con el tiempo se ha mitificado en la literatura fantástica. Este noble irlandés imperecedero, no sólo es inmortal en la prosa de Oscar Wilde, sino también en el inconsciente colectivo de los amantes de la ficción, lectores o no.

Para mí, si bien concuerdo con que Dorian Gray es un personaje sumamente interesante, el libro no lo es. Gran parte del aura gótica y aterradora que rodea al personaje de Wilde, como mencioné en el primer párrafo, proviene más del mito colectivo que de la novela misma. En los papeles, El retrato de Dorian Gray invierte más tiempo en describir los menesteres de la sociedad
snob de la época –con el sarcasmo característico de Wilde–, que en desarrollar una trama interesante, y mucho menos terrorífica. Demasiadas páginas dedicadas a describir personajes masculinos a través de su belleza, y mujeres a partir de su carácter.

Este clásico es por momentos narcisista, por momentos crítico, pero casi nunca emocionante. Llegando al final, la trama se inclina en forma apresurada hacia un costado más oscuro, pero para el lector ya es tarde. Lo apasionante de Dorian Gray no se esconde en las páginas de su libro original, sino en la versión mejorada que los aficionados a la fantasía supieron construir.
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