Críticas de lo poco leído...

CRÍTICA | LITERATURA | Música para camaleones

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Autor: Truman Capote.
Editorial: Anagrama.
Género: Cuentos / No ficción.
Páginas: 284.

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La realidad que supera la ficción.


Truman Capote tuvo a lo largo de toda su carrera una obsesión que dominó su prosa: fusionar la realidad con la narrativa. Él, mejor que nadie, supo combinar su costado periodístico y su creatividad literaria para dar vida a nada más y nada menos que un género inédito hasta entonces: la novela de no ficción, inaugurada con el best-seller A sangre fría. Música para camaleones es, quizás, su obra cumbre; la continuación perfeccionada de su misión intelectual y por qué no, un hito en el espectro de la narrativa breve.

Capote creía como ningún otro en ese aforismo que dicta que la realidad a veces supera a la ficción. Él fue testigo de ello a lo largo de toda su desenfrenada vida, gracias a su enorme capacidad de observación y a su puntillosa atención por los detalles. Nosotros, los lectores, somos los beneficiarios de otra sublime cualidad del autor: su capacidad de contar tanto lo cotidiano como lo extraordinario con notable habilidad y soltura. Pocos escritores saben elegir tan bien las palabras como Capote lo hace en este libro, una y otra vez, cuento tras cuento.

Música para camaleones es prácticamente un anecdotario levemente ficcionado. Comienza con cuentos simpáticos, entretenidos y variados en sustancia. La presentación es, diría yo, muy interesante, pero no extraordinaria. Lo brillante arriba promediando el libro, cuando el cuento largo “Ataúdes tallados a mano” se apodera del lector con una intensidad indescriptible. Se trata de una breve e escalofriante historia policial de la vida real que bien podría tener como protagonista a Sherlock Holmes y a Sir Arthur Connan Doyle como autor. Semejante relato es suficiente para extasiar a cualquier lector y sellar la calidad del libro, pero Capote se guarda algunos ases en la manga. El último segmento son crónicas de entrevistas y encuentros casuales que el escritor ha tenido con ciertas personalidades de distintos ámbitos, algunas famosas y otras no, incluyendo una entrevista a sí mismo. El resultado es soberbio. La narración de Truman Capote excede las expectativas de cualquier lector, dotando de vida a los personajes en cuestión y entreteniendo con historias atractivas desde una enorme multiplicidad de aristas.

Música para Camaleones es un libro patrón de narrativa; una prueba irrefutable de que la creatividad literaria no sólo se canaliza a través de la concepción de una historia, sino y fundamentalmente a través de la forma en que es contada. Capote sentó un precedente para todos aquellos a quienes les encanta leer, pero sobre todo, para quienes disfrutan de escribir.


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CRÍTICA | LITERATURA | Negar todo

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Autor: Roberto Fontanarrosa.
Editorial: Ediciones de la flor.
Páginas: 285.

7/10 - Buena

Antología póstuma.


El negro Fontanarrosa no se fue sin despedirse. Por motivos que exceden lo literario, su última antología de relatos demoró en salir a la calle, pero finalmente se publicó en 2013. No se trata, como pueden pensar algunos, de una recolección desesperada de cuentos inéditos que los editores reflotaron con aspiraciones comerciales. Negar todo es una entrega fiel al estilo del escritor rosarino, que no defraudará a sus más acérrimos lectores.

Yo nunca he sido un gran fanático de la prosa de Fontanarrosa. Siempre me interesé más por su irrepetible talento dentro del humor gráfico que en sus textos. Aun así, no sólo estoy familiarizado con su obra literaria, sino que también lo admiro como escritor. Su estilo era innegable; quizás demasiado homogéneo y a veces repetitivo, pero su manejo del lenguaje barrial y su gran capacidad para volcar en letras la cultura popular argentina han sido insuperables. Negar todo es otra entrega más de su ingenioso compendio literario, de rápido reconocimiento por el lector. Hay mucho folclore en sus páginas; personajes pintorescos que recuerdan a conocidos; situaciones que bien podríamos hacer propias; lugares que suenan familiares, etc… Hay, para resumirlo, química. El lector sabe de qué habla Fontanarrosa y éste último vuelve a expresarlo como pocos.

No hay nada nuevo en la última antología del negro, lo que no es necesariamente malo. El ferviente canalla se despidió de nosotros con su estilo y humor intactos. Los fanáticos disfrutarán mucho este libro, y el resto, como yo, no podremos más que encontrarlo altamente entretenido. Quizás no sea de mis lecturas más preciadas, pero es imposible pasarla mal leyéndolo.



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CRÍTICA - LITERATURA - Velocidad de los jardines

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Autor: Eloy Tizón.
Editorial: Anagrama.
Páginas: 142.

6/10 - Buena


Narrativa lateral y críptica.


Hay libros largos que se leen rápido y libros cortos que se leen lento; hay textos que se procesan en forma interactiva, mientras se leen, y otros que obligan a una sinapsis tardía. Preguntarse qué significa que los jardines sean veloces es apenas un comienzo en este libro, porque básicamente de eso se trata: de preguntarse una y otra vez el significado de cada cuento.

Eloy Tizón es un escritor original, poseedor de una narrativa peculiar y creativa, que encuentra formas alternativas de exponer las ideas. La técnica no es un dato menor, porque la frescura literaria que aporta el autor es sin lugar a dudas condición suficiente para que el entretenimiento esté garantizado. Ahora bien, este alquimista de las palabras que logra combinarlas como ningún otro es también un escritor críptico que disfruta de esconder los mensajes, invitando al lector a la catarsis tardía. No hay sustancia inmediata en
Velocidad de los jardines, sino apenas evidencia, pistas superficiales de lo que el autor ha querido significar en su laberinto narrativo. Quienes quieran aferrarse a algo concreto o pretendan conclusiones expresas, deberán buscar en sus intelectos una versión que medianamente les satisfaga, dadas las premisas argumentales del autor.

Algunos lectores disfrutan de la exploración literaria, asumen el desafío de enterrarse en las entrañas de un relato y recorrerlo mentalmente hasta descifrar su secreto medular. Para ellos,
Velocidad de los jardines será una experiencia única. Para los demás, los que no tenemos paciencia, este libro de cuentos vale la pena dada la creatividad narrativa de su autor, que no es poco, pero tampoco mucho.



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CRÍTICA - LITERATURA - Cuentos completos - Cortázar

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Autor: Julio Cortázar.
Editorial: Alfaguara.
Páginas: 648.

10/10 - Excelente


La superación kafkiana.

Hubiese deseado que Kafka llegara a mis manos antes que Cortázar, pero eso no pasó. A Kafka lo leí ya avanzados los 20 y a Cortázar me lo hizo leer mi padre cuando era bastante joven, 13 o 14 años. Es verdaderamente un desencanto adentrarse en narrativa breve con Cortázar, porque a mi gusto, no hay nada que lo supere. Ni siquiera el genial Kafka con su Metamorfosis fue lo suficientemente contundente como para sorprenderme, luego de que yo hubiera leído esta antología de cuentos, que contiene la obra esencial de Cortázar.

Cortázar no sólo tenía una prosa privilegiada, tenía también una creatividad única a la hora desarrollar historias. Los cuentos de este autor sacuden al lector y lo sacan del molde de la racionalidad. Cortázar recurre usualmente al absurdo, a lo imposible, pero no desde un plano surrealista, sino que incorpora la locura a situaciones comunes. Temas como ponerse un pulóver, cuidar el departamento de un amigo o asistir a un velorio, bajo la pluma de Cortázar terminan en una disparatada trama que no se ve venir. A veces cínico, muchas veces morboso y siempre impactante, Cortázar posee al lector de muchas maneras distintas, desde el asombro y la confusión hasta la risa.

No hay recomendaciones en particular. Esta antología de cuentos es para mí una mina de oro, un hito en la literatura mundial. “La noche boca arriba”, “Casa tomada”, “Final del juego”, “Las babas del diablo”, “Carta a una señorita en París”, “El perseguidor”, “Cartas de mamá”, “No se culpe a nadie”, “La salud de los enfermos”; podría seguir y seguir, nombrar a los cronopios y a las famas, bailar tregua y catala mientras las esperanzas me critican; podría dar simples instrucciones para subir una escalera o dar vueltas al reloj, pero nada de lo que escriba estará siquiera cerca a describir la experiencia de leer estos cuentos. He leído Kafka, Poe, Chejov, Quiroga, Borges, y muchos otros; confieso que aún me faltan Carver, Tizón y Bolaño, pero hasta ahora, nada, absolutamente nada, siquiera se asemeja a Julio Cortázar.
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